Revista MJ/ Sixto Porras,  consejero de Enfoque a la Familia

El amor no es ciego. El amor piensa, analiza y razona. Requiere del tiempo necesario para conocer bien a la otra persona: sus intenciones, su historia y sus costumbres. También requiere de tiempo para enfriar las emociones y dejar de idealizar a la persona de quien creemos estar enamorados.

La única manera de saber si realmente estamos con la pareja correcta es dar suficiente tiempo para observar detenidamente la realidad y tener conversaciones que nos ayuden a conocer y aceptar a la otra persona, con sus virtudes y sus defectos.

Estas son algunas preguntas que debe plantearse antes de decidir formalizar una relación:

¿Me conviene?

¿Es alguien emocionalmente equilibrado?

¿Aprecia a su familia?

¿Nuestros conceptos de familia son parecidos?

¿Me respeta y se respeta a sí mismo o discutimos frecuentemente y muchas veces sin razón aparente?

¿Es una persona segura?

¿Tiene un alto sentido de realización y de superación personal?

¿Siento estímulo y apoyo por parte de esta persona para alcanzar mis metas personales?

¿Me veo compartiendo mi vida con esta persona?

¿Su proyecto de vida y el mío se complementan?

¿Esta relación nos beneficia mutuamente?

¿Podré vivir con sus defectos sin esperar que cambie?

¿Esta relación tiene futuro o es un “mientras tanto”?

Algunos temas importantes que debemos abordar en pareja son:

  • Metas y proyectos de vida: Será importante compartir las expectativas sobre el futuro. Cómo nos vemos en los próximos años y si tenemos un punto en común de encuentro o si nuestros caminos pueden convivir en paralelo.
  • El modelo de familia que deseamos construir. Es normal que se tengan concepciones diferentes sobre la familia, pero deben de haber posibilidades de integrar o concordar en algunos aspectos para iniciar a construir juntos un nuevo hogar.
  • Hablar sobre lo que no queremos que suceda. Compartir experiencias en nuestras familias de origen que no queremos repetir, así como costumbres o hábitos que sabemos que no nos aportan beneficios, como el maltrato físico o verbal, la manipulación, la falta de valor hacia el otro, y el irrespeto.
  • Compartir los puntos de vista sobre los roles y responsabilidades del hogar. El proyecto del matrimonio no es tuyo o mío, es de ambos. Es importante aclarar las expectativas que se tienen con respecto al “ser esposa” y “ser esposo”. Se debe construir un contexto donde nos ayudamos mutuamente y nos sentimos dignos al hacerlo.
  • Crianza de hijos. Si no queremos tenerlos, es válido, como también lo es cambiar de opinión en el camino, pero ambos debemos estar de acuerdo siempre. Además estar de acuerdo en los temas de la formación académica y espiritual que les daremos.
  • Hablar de finanzas.  Conocer los hábitos financieros de la pareja, analizar el manejo de los recursos y compartir cómo esperamos que sea cuando inicie la vida matrimonial.

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