Por Foro Económico Mundial

Se acaba de publicar un estudio llevado a cabo por la unidad de endocrinología de la Universidad de Nápoles que evaluó los hábitos de sueño y los cambios en el índice de masa corporal de 121 hombres y mujeres italianos de entre 18 y 65 años. Su evaluación coincidió con la crisis del Covid, de forma que sus datos permitieron analizar sus valores tanto antes como durante y después del confinamiento.

El abrupto empeoramiento de la salud de los trabajadores en remoto

De entre las variables analizadas, los sujetos que más han visto empeorar sus ciclos de sueño fueron los trabajadores “smart”, aquellos que se adaptaron a la insólita realidad y pudieron hacer todo el trabajo que hacían habitualmente desde la oficina ahora íntegramente en su hogar. Según los evaluadores, a los 40 días del inicio de la cuarentena, una vez ésta ya había finalizado en el país transalpino, sus ciclos ganaron puntos según el indicador PSQI, lo que refleja un peor sueño. Empeoraron además todas las variables, desde el tiempo que les llevó conciliar el sueño como la calidad del mismo a lo largo de la noche, dando muestras de una mayor disfunción diurna.

Curiosamente esta caída en la calidad fue más pronunciada entre hombres que entre mujeres teletrabajadores, pese a que análisis en todas partes del globo han reportado una y otra vez que el  confinamiento  ha  agravado  la desigualdad en las tareas domésticas, llevándolas a ellas a asumir en mayor porcentaje ese trabajo extra de cuidado de niños y limpieza derivado de un mayor tiempo de estancia de las familias dentro del hogar.

Además, según esta evaluación los sujetos que no tuvieron que trabajar en remoto durante el confinamiento no vieron empeorar sus descansos nocturnos.

¿Por qué durmieron peor? Según ellos porque, como teletrabajar se ha relacionado con un aumento del tiempo medio ante la pantalla de los sujetos y los dispositivos “smart” también correlacionan con mayores problemas de sueño, ambos factores se entremezclaron. La hipótesis que no incluyen en su análisis es la de que en medio de una situación de alto estrés e incertidumbre las personas podrían sentirse más abrumadas si encima tienen que enfrentarse al esfuerzo mental del trabajo.

Los ciudadanos, teletrabajadores o no, también han engordado

Aquí ya no se habla sólo de los trabajadores digitales, sino de toda la población en general. Siendo cifras casi iguales en EspañaFrancia o Italia, un poco más de la mitad de los italianos engordaron 2.5 kilos durante el encierro.

Los evaluadores especulan que este aumento se debió a que no tuvieron tiempo de hacer ejercicio fuera de casa y a que la limitación de las excursiones al súper de los hogares provocaron que la gente comprase menos manzanas y más patatas fritas, como para darse psicológicamente un homenaje para contrarrestar lo mal que lo estaban pasando. Ello potenció un ciclo “autodestructivo”: “las elecciones de alimentos también pueden haber afectado a la calidad del sueño de los participantes, ya que la ingesta de grasas y refrescos está asociado a un nivel de sueño más deficiente”, aunque estas conclusiones hay que cogerlas con pinzas, ya que no hicieron un seguimiento de los componentes de las dietas de los encuestados.

Ese engorde fue asociado de forma invertida a la salud inicial del sujeto: subieron más kilos los que tenían un peso más óptimo y menos cuanto más obesidad tuviese el paciente.

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