Por Dianne Medrano
Este año comienza con un propósito que no nace de una meta externa, ni de un logro pendiente, ni de una lista de resoluciones ambiciosas: volver a mí. Volver a ser quien soy cuando no estoy cumpliendo solo un rol, cuando no estoy sosteniendo expectativas que no me pertenecen o cuando estoy tratando de balancear todo a mi alrededor para poder funcionar.
Quiero volver a reconectar con los lugares, las cosas y las personas que me recuerdan mi esencia; con aquello que me ancla, me expande y me devuelve al centro; con lo que me hace sentir viva, presente y profundamente yo.
Durante muchos años estuve perdida. No de una forma dramática o evidente, sino de esa manera silenciosa en la que muchas personas vivimos: funcionando bien por fuera, pero desconectadas por dentro. Avanzando, logrando, liderando… pero alejadas de nuestra verdad.
En el proceso, aprendí a ser fuerte, a resolver y a sostener. También a callarme, a postergarme y a adaptarme más de lo necesario hasta que la vida me regaló algo que no se puede comprar ni planificar: una pausa.
Ese espacio honesto conmigo misma fue un momento para escuchar lo que llevaba tiempo susurrando y que yo había decidido no oír. Ahí entendí, con claridad absoluta, qué era lo que ya no quería más.
No quiero que nada ni nadie me defina: ni un cargo, ni un éxito, ni una versión pasada de mí, ni una expectativa ajena. Este año vuelvo a tomar el control. No desde el ego, sino desde la conciencia; no desde la exigencia, sino desde la verdad.
Y no, no voy a reinventarme porque en realidad no tengo nada que redefinir. Lo que necesito es recordarme y encontrarme a mí misma cada vez que me veo al espejo. Debo recordar quién soy cuando estoy alineada, cuando actúo desde la calma y no desde el miedo, cuando decido desde la coherencia y no desde la culpa o cuando honro lo que siento sin justificarlo.
Mi compromiso este 2026 es permanecer en la esencia de lo que me hace sentir yo. Elegir con intención. Poner límites sin culpa. Soltar sin miedo. Habitar mi vida con más presencia y menos ruido.
Este no es un año para demostrar. Es un año para habitarme porque cuando una vuelve a sí misma, nada afuera necesita validarla y cuando una se recuerda, el camino deja de ser confuso.
¡Este 2026 no trataré de ser más, sino de ser, por fin, más yo!




