¿Cómo organizar las visitas del papá tras el divorcio?

El divorcio no es fácil, ni para la pareja ni para los hijos. Los padres son los más adecuados para establecer el régimen ideal de visitas.

Por Carolyn Hernández

Al momento de la separación, tanto la madre como el padre deben tomar la decisión en conjunto para organizar las visitas del(os) hijo(s). En esta nueva etapa de sus vidas, es necesario que los pequeños tengan relación con ambas partes. “Independiente de quién tome la decisión, al momento de establecer un régimen de visitas adecuado, es importante tener en cuenta la edad de los menores y la etapa de su desarrollo. Así serán las necesidades específicas, las cuales se podrían ver afectadas a la hora de establecer la frecuencia y duración de las visitas de algunos de los progenitores, así como la existencia o no de permisos para dormir fuera del hogar y cómo distribuir las vacaciones del niño”, explica la psicóloga clínica Marisol Montero.

Específicamente los aspectos de la frecuencia y la duración de la visita son unos de los temas que más preocupan a los padres y por ende, se convierte en una de las mayores consultas que se realizan en las clínicas psicológicas.

Visitas por etapas

Para la Dra. Montero se debe tener en consideración algunos aspectos para conocer la frecuencia de compartir con su padre o su madre.

  • Desde los 0 a 5 años: Son capaces de reconocer voces, pero aún les falta evolucionar la conciencia del tiempo y el contexto; por lo tanto, la memoria a largo plazo es limitada y su forma de entender el tiempo también lo es. Es por eso que una mayor frecuencia de visitas es la mejor forma de garantizar el apego al padre.
  • Mayores de 6 años en adelante: La frecuencia debe ser más bien sistemática, para que se vaya estableciendo un hábito en el niño y así aportarle mayor estabilidad.
  • Adolescencia: La frecuencia puede variar, ya que en estas edades los diferentes contextos de socialización (intereses, colegio, amigos, otros) adquieren gran importancia y el menor va adquiriendo autonomía. También depende de cuánto puede llegar a interferir con sus estudios o sus actividades propias. En esta última etapa se puede llegar a la “negociación” entre padres e hijos y por eso se recomienda tener acuerdos con ellos, evitando caer en la manipulación de los menores.

Horarios

Una vez establecida la frecuencia, es importante establecer la duración de dichas visitas, tomando en cuenta la edad de los menores. Por ejemplo, con niños muy pequeños es recomendable que la duración sea corta, para que no interfiera en los horarios establecidos en su rutina (dormir y meriendas, entre otros). Posteriormente, en la etapa de la niñez ese tiempo puede aumentar y en cuanto a los adolescentes, esto podría variar, ya que ellos se enfocan en sus amigos y tienden ser más autónomos; de ahí la necesidad de llegar a acuerdos y no limitar sus actividades de interés, porque puede llegar a generar una aversión a compartir con el padre o la madre.

Fuente: Marisol Montero, psicóloga clínica

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