¿En su cuna o con nosotras?

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La práctica de compartir la cama con el bebé tiene sus defensores y adversarios. Aquí reseñamos ambas posiciones para que las mamás (y los papás) sean quienes pronuncien la última palabra.

Por Ivannia Varela

Cuando mi hijo menor era un bebé de brazos, muchas veces durante la noche lo saqué de su cuna y lo acurruqué a mi lado. Así me resultaba más sencillo alimentarlo con leche materna y en la casa todos dormíamos a pierna suelta.

Más grandecito, como de seis meses, mi esposo y yo pensamos que era el momento de pasarlo a su propio cuarto. Creímos que iba a ser sencillo, pero los gritos y llantos no se hicieron esperar. Algunas personas me decían que tenía que ser firme y aunque en ocasiones creía lograrlo, en otras tiraba la toalla. Hoy, ya con cuatro años, algunas cuantas mañanas todavía despierta a mi lado.

Mentiría si dijera que se trata de un tema resuelto. En varias oportunidades he cuestionado mi proceder, pues he escuchado argumentos buenos y no tan buenos del llamado colecho o mejor dicho: la práctica de compartir la cama con los niños.

¿En qué casos se convierte en un peligro para el infante? ¿Cuándo resulta inapropiado para su desarrollo emocional? ¿Qué beneficios afectivos puede generarle? ¿Le ayudará a su seguridad personal o por el contrario, lo hará una persona dependiente?¿Hasta qué edad podría permitirse?…

Para contestarme estas y otras preguntas, en los últimos meses he leído distintas posiciones que giran en torno a dormir con los hijos. Así como hay defensores a ultranza, también existen enemigos acérrimos. Les comparto algunos de esos ángulos para que quienes estén en una situación similar a la mía (creo que son muchas familias) sopesen la información y tracen sus propias conclusiones.

En contra

Una de las posiciones más fuertes que se han externado contra el colecho es la del pediatra, neurofisiólogo y especialista en medicina del sueño, Eduard Estivill, famoso por su bestseller Duérmete niño (1996). La teoría de este médico es que los niños, a través de un método conductual en el que se les deja llorar por algunos intervalos, aprenden a tranquilizarse y luego a dormir solos. Esto los hace, según él, personas con mayor capacidad de autocontrol, más independientes, con menos probabilidades de sufrir trastornos del sueño en la edad adulta.

Algunos científicos también esgrimen razones de seguridad para rechazar el colecho. Por ejemplo, un estudio dirigido por la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres sostiene que compartir la cama con el bebé, aunque los papás no fumen ni consuman alcohol, multiplica por cinco el riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante (fallecimiento repentino de un niño menor de un año sin causa aparente). El calor excesivo y la inhalación de los gases espirados por los padres podrían ser las razones de que las vías respiratorias del bebé se obstruyan y causen la muerte.

El estudio en cuestión, publicado en la Revista British Medical Journal Open en el 2013, más otros similares, han servido de base para que algunas asociaciones de pediatría a nivel mundial desaconsejen con vehemencia este tipo de prácticas. Desde esta perspectiva, los niños pueden permanecer en el lecho de los papás mientras la mamá los alimenta o reciben entretenimiento y cariño, pero para para dormir, el lugar más seguro es su propia cama. Esta puede ubicarse, sin ningún problema, en la misma habitación de los padres para una mejor supervisión, especialmente cuando el bebé es muy pequeño.

A favor

Pese a las recomendaciones anteriores, existe un movimiento que en los últimos años ha tomado impulso a favor de dormir con los hijos. En este terreno podrían citarse dos libros de gran divulgación. El primero es Dormir con tu bebé: una guía para padres sobre el colecho, escrito por James Mckenna, de la Universidad de Notre Dame (Indiana, Estados Unidos) y el otro, es Bésame mucho, cómo criar a tus hijos con amor, del pediatra y escritor español Carlos González Rodríguez. En este último, el autor lo que propone es criar a los hijos bajo la filosofía del apego, en la que es básico atender las necesidades de los niños. Dormir solos es algo que –según González– se aprenderá naturalmente con el paso del tiempo, apunta un artículo del diario El País (España).

Al igual que este escritor, muchos otros opinan que el colecho no tiene por qué verse como algo dañino. Incluso, en muchas culturas es una práctica normal y aceptada, tal y como sucede en Hong Kong y Japón, donde paradójicamente los casos por muerte de cuna son pocos en comparación con otras latitudes.

Little gril sleeping on bed with her parents at home

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La organización costarricense Mamasol posteó recientemente en su perfil de Facebook un artículo sobre los beneficios de dormir con el bebé en donde se insiste en que la decisión de hacerlo o no tienen que tomarla los papás del bebé, según las características de cada familia y no por lo que les diga la “gente de afuera”. Sin embargo, señalan las graves consecuencias de dejar al niño llorar, agotarse y estresarse, pues existen estudios y publicaciones donde se explica que esto podría afectar las conexiones cerebrales y sobre todo, dañar la relación de amor y confianza con la madre y el padre, asegura Marie Tyndall, cofundadora de Mamasol.

En el artículo de Facebook se habla también de la importancia del sueño reparador y cómo los bebés tienen mayores éxitos en este sentido si al despertar, durante la noche, encuentran el abrigo y la protección de su madre. La sincronía de la respiración de ambos, al parecer, podría propiciar un mejor descanso.

Medidas de seguridad

De acuerdo con el perfil de Facebook de la organización Mamasol, quienes opten por el colecho pueden tomar algunas medidas de seguridad:

  • Acueste al bebé sobre la espalda, es decir “boca arriba”.
  • Duerma de frente al niño (el muslo de la mamá debería prevenir que el bebé se deslice bajo las sábanas).
  • Elija un colchón que sea firme, del mismo tamaño que la base de la cama, use sábanas del mismo tamaño del colchón y que lo cubran perfectamente.
  • Escoja ropa de dormir para usted y su bebé que no se amarre ni tenga nada que pueda estrangularlo.
  • Mantenga sábanas, cobertores y almohadas lejos de la cara y cabeza de su bebé.
  • Mantenga a las mascotas fuera del lugar donde duerme su hijo.
  • Si el niño no es amamantado, es mejor que duerma en una cunita a la par de su cama.
  • No duerma con su bebé en un sofá, sillón, mecedora o silla con brazos, camas de agua o superficies muy blandas.

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