Como cuidadores, padres de familia, o amigos, es importante estar atentos a las señales que nos pueden alertar de cambios emocionales.

Por Revista MJ

El confinamiento y el aislamiento social suprimen y ponen a prueba dos de las necesidades básicas de las personas adolescentes: el reconocimiento y la interacción.

En esta edad, la afirmación de los pares y la socialización son fundamentales y ayudan a afianzar la autoestima de los jóvenes. Las interacciones presenciales limitadas y el encierro, aunque necesarios para prevenir los contagios, suponen una situación emocionalmente desafiante, porque restringen la libertad de escoger que tanto valoran los adolescentes.

La respuesta emocional de los jóvenes, ante una experiencia restrictiva como la que impone esta pandemia, puede ser variada y en muchos casos, puede llevar a la frustración y ansiedad. Para millones, la pandemia ha significado enfrentar un cambio radical en su estilo de vida: procedimientos rigurosos de higiene, restricción de movimiento, prohibición de reuniones sociales, distanciamiento social y afectivo.

Como consecuencia, el enojo, la tristeza –expresada en ensimismamiento o falta de comunicación- pueden ser algunos de los estados anímicos derivados de la actual coyuntura, según explicó Jean Paul Ortiz, psicólogo y especialista en protección de
World Vision en El Salvador.

Como cuidadores, padres de familia, o amigos, es importante estar atentos a las señales que nos pueden alertar de cambios emocionales en los y las adolescentes y estar preparados para acompañarlos desde la empatía:

 Pérdida de apetito o consumo compulsivo de golosinas y alimentos.
 Irascibilidad o depresión (cambios súbitos del estado anímico).
 Aislamiento y poca comunicación o interacción.
 Intranquilidad y preocupación.
 Nerviosismo (a veces acompañado de sudoración y necesidad de moverse) o miedo exacerbado, que puede conducir a ataques de pánico.
 Fatiga, falta de energía y agotamiento físico y mental.
 Dificultad para concentrarse y deterioro de la memoria, que en general reduce el rendimiento académico.
 Trastornos del sueño, ya sea somnolencia excesiva o insomnio.

Frente a esta situación, una de las estrategias más recomendadas es crear un ambiente de ternura y empatía en el hogar, explicó la Dra. Anna Christine Grellert, pediatra y especialista en Protección de World Vision. “Se trata del acondicionamiento de un espacio emocional amigable, abierto a escuchar, reconocer y validar las emociones de los adolescentes. Eso significa entender que quizás no quiera hablar, o reconocer que se siente frustrado y enojado por la imposibilidad de ver a sus
amigos e ir al colegio, por ejemplo”.

“En lugar de regañar y reprimir las emociones, es importante hacerles saber a los adolescentes que reconocemos su frustración, o bien reconocer que siente temor”, agregó.

De hecho, en el proceso de contención, es fundamental hacerle saber al joven que no se siente solo y que su familia está allí para apoyarle y ayudarle a encontrar alternativas. En este proceso de comunicación y la empatía es fundamental. La empatía es cuando asumimos o nos ponemos en el lugar del otro, y por lo tanto, es posible comprender sus sentimientos, en lugar de juzgarlos.

Escuchar activamente, en lugar de descalificar, es un ejercicio indispensable, aun cuando no compartamos las opiniones de nuestros hijos o hijas adolescentes. También lo es ayudarlos a generar un horizonte o perspectiva de esperanza.

En los tiempos actuales, donde muchos padres, madres y cuidadores dedican poco tiempo a sus hijos por atender sus ocupaciones, crear un ambiente de hogar de ternura y empatía implica dedicar tiempo, movernos a su espacio, invitarlos a
compartir algo que sea de su interés (escuchar música juntos, juegos de mesa, sus videos favoritos). La conexión es posible compartiendo anécdotas esperanzadoras, sin aleccionar o dar sermones y dejando la puerta abierta para que ellos puedan preguntar y expresar libremente sus emociones sin verse limitados o censurados por ello.

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