San Valentín: entre la leyenda, el amor y el consumo

No es posible aseverar quién fue concretamente el creador de la asociación de San Valentín con el amor, o si ya existía alguna tradición al respecto, pero se cree que las costumbres populares asociadas con el Día de San Valentín surgieron en Inglaterra. 

Por Marlon Segura / Director escénico, coach y analista no verbal
elcuerpopolitico@gmail.com

Hay quienes dicen que el día de San Valentín no es más que un invento moderno, una forma de incentivar el consumo mediante el intercambio de regalos. Y puede que haya mucho de cierto, pero ¿sabemos realmente qué estamos celebrando?, ¿dónde y cómo nació esta tradición?, ¿qué tipo de objetos se ha regalado a lo largo de la existencia de esta festividad? En lo que concierne a
nuestros tiempos, ¿se impuso el amor y la amistad, o se impuso el comercio? La celebración del día del patrono de los enamorados es una oportunidad para conocer más de cerca esta tradición.

¿Quién era Valentín?

Según la tradición, cuando gobernaba el emperador Claudius Aurelius Marcus (161-180 a. C.), conocido como Claudio II, este decidió prohibir el matrimonio a los jóvenes. Él pensaba que los solteros sin familia tendrían menos ataduras y que eso los haría mejores soldados. Pero alguien desafió el mandato, y aquí es donde aparece Valentín, sacerdote de Roma, que, de forma clandestina, unía la vida de muchos, incluyendo la de los soldados. Cuando dicha práctica llegó a oídos del emperador, lo envió a prisión y, más tarde, fue convencido de que lo mejor era decapitarlo.

Estando en la cárcel, en silencio se enamoró de Julia, la hija del carcelero, quien había nacido ciega. El día previo a su ejecución, como despedida, le envió una nota a su enamorada con la firma “De tu Valentín”. Aquel regalo llegó a sus manos y, sin entender el motivo, lo abrió. Entonces ocurrió un milagro: Julia logró ver. Siglos más tarde, algunos verían en la memorable firma una oportunidad en el mercado del consumo. Sin embargo, si aceptamos el milagro en Julia, aquellas palabras que una vez dijo el poeta Virgilio podrían sean ciertas: “Omnia Vincit Amor” (El Amor todo lo puede).

De acuerdo con una de las versiones más difundidas, Valentín fue decapitado el 14 de febrero del año 270. Se cree que Julia plantó un almendro de flores rosadas junto a su tumba y, por esta razón, con los años, el almendro sería considerado símbolo de amor y amistad duradera.

Un culto va tomando forma

No es posible aseverar quién fue concretamente el creador de la asociación de San Valentín con el amor, o si ya existía alguna tradición al respecto, pero se cree que las costumbres populares asociadas con el Día de San Valentín surgieron en Inglaterra y en Francia durante la Edad Media. Dicha tradición señalaba que el 14 de febrero las aves comienzan a aparearse. Esta referencia la encontramos en el Parlamento de las aves –escrito entre 1381-1383- del poeta inglés Geoffrey Chaucer. (Herbert Thurston aciprensa.com/ Néstor Marqués, antiguaroma.com). Se cree que, en ese entonces, poco a poco se fue intensificando el intercambio de versos y cartas de amor. El dar flores también fue una costumbre, y se cree que muchos novios iban a buscarlas a los campos (Janampa, Reynaldo. Día de San Valentín en la Edad Media).

De calendarizar a dejar sin calendario al santo

El primer día de San Valentín fue celebrado el 14 de febrero de 494, con el objetivo de desestimular el festejo pagano de La Lupercalia. La fiesta del Patrono de los Enamorados fue oficial en la Iglesia católica durante quince siglos, hasta que el Papa Pablo VI (1963-1978), llamado el papa de la “modernidad” (Papa Francisco, matermundi.tv. 6 de agosto de 2018) y en plena Revolución Sexual, acabaría, por parte de la iglesia, con la celebración al santo. La decisión se basó en la supuesta poca información que había sobre la existencia de Valentín. Posteriormente, esta se eliminó del calendario litúrgico (aciprensa.com). Por lo tanto, si usted compara dos calendarios
litúrgicos, corroborará que la fecha que ocupaba San Valentín fue concedida a San Cirilo y a San Metodio (Calendario litúrgico, Continental de Belén, 2019). Entre nuestros abuelos, muchos probablemente dirían que al santo lo dejaron “sin sacha y sin calabaza.”

Durante la Revolución Industrial, la Reina Victoria de Inglaterra alentó el comercio con el regalo de latas de chocolates a los soldados el día de Navidad y el primer día del año. En San Valentín, se solían obsequiar tarjetas, lo cual se convirtió en algo muy común. Por aquellos tiempos, la gente les ponía su ‘toque’ personal usando lazos, encajes, o semillas. Algunas de las frases que de puño y letra escribían lo fueron: Be mine, To my love, Constant and true (Sé mío, A mi amor, Permanente y verdadero). Según el blog de Altea Morgan, algunos aprovechaban la ocasión para hacer bromas, como colocar un trozo de tela de ropa interior en la tarjeta. En una de estas se escribió: “I think of you with inexpressible delight” – “Pienso en ti con inexpresable placer” (Altea Morgan.es, febrero de 2018).

¡Adiós Valentín!

San Valentín tuvo sus orígenes en una práctica romana que muchos desconocen. Luego fue evolucionando de un culto de inspiración y de regalos simples, hasta llegar a tener marcados fines comerciales, convirtiéndose en una oportunidad para que diversas empresas logren resultados extraordinarios en sus estrategias de marketing. No es, por lo tanto, un invento moderno, aunque podríamos afirmar que en el 14 de febrero, quien se impone actualmente es el comercio. Estaría en cada quien decidir el ir ‘con’ o ‘contracorriente’, pero, al menos, es importante saber qué se celebra y el porqué.

El gesto de María Koutshohero y de Evangelía Katopodis, como vivencias, demuestran que el desprendimiento genuino no conoce de santos ni de fechas. Las lapas rojas y muchas otras especies tienen su particular manera de enamorar, evidenciando que el amor tiene muchas formas. El testimonio de Ligia puede ser útil, pues pone sobre el tapete la idea de que el amor propio es primordial.

Para quienes crean que hay un festejo o un ansiado momento de cercanía, pero sin desesperarse por si el otro cumplirá, las palabras de Julio Cortázar podrían contener un bálsamo de esperanza y una dosis de realidad: “Existe una cita, aún sin hora ni fecha, para encontrarnos, yo ahí estaré puntual, no sé si tú.”


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