¿Cómo ponerle límites a los adolescentes?

La disciplina dentro del hogar debe manejarse desde temprana edad y poder reforzar algunas de ellas durante el crecimiento de los hijos y modificar otras.

Por Carolyn Hernández

La convivencia en el hogar se puede tornar en tensión entre padres y hijos cuando las reglas no se llegan a cumplir o no es lo que se espera. “Por lo general los padres se pueden sentir en un clima emocional de desborde, llegando en ocasiones a aumentar los niveles de enojo y es aquí cuando los padres sienten que la situación familiar se vuelve una batalla”, señala la psicóloga clínica Marisol Montero.

Tratar de mantener el clima armonioso dentro del hogar es fundamental para que los padres puedan ejercer su posición de jerarquía (siempre a través de posiciones de amor), para que los hijos se sientan seguros y puedan llegar a acuerdos en cuanto a las reglas de la casa.

La terapeuta recalca que es importante entender la etapa preadolescente. Puede existir un enfrentamiento entre padres e hijos, donde los últimos colocan a sus amigos como las personas más importantes en esta etapa de su vida.

La señal

La Dra. Montero explica que en la actualidad muchos niños inician actitudes de la etapa preadolescente a más temprana edad y es aquí donde necesitan diferenciarse de sus padres, desobedeciendo y peleando, para lograr la separación del adulto.

Los temas de conflicto entre padres y preadolescentes son varios: desde la forma de vestir, salidas solos con los amigos, responsabilidad en el estudio, hasta cuántas horas es lo necesario utilizar aparatos electrónicos. Buscan tomar sus propias decisiones y una independencia familiar. En esta etapa el dormitorio se vuelve “su fortaleza”, donde la privacidad se vuelve vital, la cual es extendida y más fuerte por unos años más.

Entendiendo el contexto antes mencionado, es cuando los padres necesitan seguir colocando límites del lado del amor para obtener éxito. La especialista recomienda tomar en consideración los siguientes 15 puntos:

  1. Algunos preadolescentes ponen a prueba la tolerancia de los padres y miden hasta dónde pueden llegar, debatiendo algo que les incomoda, ya que es la manera que utilizan para construir su autonomía. La recomendación en estas situaciones es que los padres ‘no enganchen’ y tratar de comunicar con un tono de voz calma lo que desean de su comportamiento.
  2. Permanecer integrado. Esto quiere decir mostrar interés en sus gustos, lo cual se logra permaneciendo más tiempo juntos y compartiendo experiencias.
  3. Demostrar efecto; esto será necesario diariamente.
  4. Establecer un horario para ir a dormir en las noches.
  5. Describir las conductas que desea modificar y qué le gustaría obtener. Una vez que se tenga claro, no le describa lo que no desea que haga, sino lo que sí desea.
  6. Ayudarle a expresar sus sentimientos. En el momento en que actué de mala manera, indicarle cómo canalizar ese enojo, en lugar de castigar.
  7. Dar el ejemplo. Si le indica a su hijo que no grite, pero como padre lo hace, estará fomentando que se mantenga la conducta y que crea que esa es la manera correcta de comunicarse.
  8. Ser justos. Como padres no es recomendable dar consecuencias cuando se está enojado.
  9. Elogiar cada cambio positivo que se presente.
  10. Tomar en serio todos los problemas de los hijos en esta etapa y nunca minimizarlos.
  11. Mantenerse firmes en asuntos importantes de la familia.
  12. Apoyar las decisiones, siempre que sea posible.
  13. Respetarlos como personas –esto incluye su privacidad– sin dejar de supervisar de manera saludable.
  14. Cuando soliciten verse con amigos, será necesario recordar que en esta etapa se avergüenzan si son tratados como niños pequeños. De esta manera, desean aparecer como seres independientes; esto no quitará que confíen aún en sus padres y necesiten amor y apoyo, pero con más libertad.
  15. No tema perder el amor de sus hijos si coloca límites firmes. Entre padres y pares existe una diferencia de posición que es necesaria para crecer y separarse de los padres para construir una identidad propia.
  16. Recuerde que con el lenguaje, el tono de voz, los gestos faciales y la postura corporal se llega a transmitir el clima emocional y el preadolescente hace una lectura de este lenguaje, que llega a imitar.

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